miércoles, 8 de octubre de 2014

La visita de Cavanilles en 1797

¿Cuántas veces habéis visto el famoso dibujo que representa el pueblo de Ibi en 1797? Seguramente muchas. Bien, dicho dibujo fue elaborado para la obra del botánico y naturalista José Cavanilles "Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia", que fué recopilada en 2 tomos.
Concretamente en el segundo de ellos, y entre las páginas 180 y 183, Cavanilles habla de lo que encontró en la villa de Ibi en aquellos años de finales del s. XVIII.

Pero para poder entender un poco mejor cual fue su labor, diremos que Antonio José Cavanilles (Valencia 1745 - Madrid 1804), recibió un encargo del rey Carlos IV:
"recorrer la España para examinar los vegetales que en ella crecen". Aquello ocurrió en la primavera de 1791, y Cavanilles empezó por su propia tierra. Pero no se limitó a la tarea fijada, sino que además, atendió a todos los aspectos, físicos y humanos, de la zona estudiada. La obra salió de la Imprenta Real de Madrid en dos volúmenes como ya he comentado antes, y en ellos podemos encontrar una cantidad de información meticulosa, exacta, relativa al marco geográfico, a la flora y la fauna, y al fondo social de las tierras visitadas. 

Y como decía al principio, si bien seguramente muchos seréis los que hayais visto el dibujo de Ibi de 1797, y que como dato curioso, fué hecho por Tomás López Enguídanos (grabador calcográfico que ilustró la obra de Cavanilles), seguramente también muchos seréis los que no hayáis leído lo que al respecto de nuestra población contó en aquellas Observaciones sobre el Reyno de Valencia.

He aquí pues lo que concerniente a Ibi nos dejó como legado, tal como Cavanilles lo escribió, y tal como apareció en su obra final, respetando por tanto, su ortografía original.




OBSERVACIONES SOBRE LA HISOTORIA NATURAL, GEOGRAFÍA, AGRICULTURA, POBLACIÓN Y GRUTOS DEL REYNO DE VALENCIA.
Antonio José Cavanilles.
TOMO SEGUNDO.




[80] [...] Continuando hácia el oriente se presenta una dilatada llanura, y en ella dos cerros cónicos aislados. Subí al primero, que es el occidental, cuyas raices y faldas son de tierra yesosa, y la cumbre de peñascos calizos, donde está la ermita de San Miguel. Desde ella veia en la parte oriental la villa de Ibi, que recostada sobre las raices del otro cerro cónico se prolonga hácia el mediodia. El alto monte de Foyaderes le cae al norte, el carrascal de Rico al sur, y al este de la canal de Alcoy, cuyo terreno baxo respecto á los laterales permite ver el Rontonál, y otros montes que yacen por aquel rumbo. Desde la villa hasta el cerro de San Miguel todo son huertas en graderías que se prolongan hácia el sur, vistosas por la multitud de árboles y producciones, cuyo conjunto forma una hermosa vista, que he procurado copiar en la estampa adjunta. Baxé del cerro, atravesé los barrancos de Santa Maria y de les Raboses, y á breve rato entré en la poblacion, cuyas calles son espaciosas, y muy decente el caserío, donde viven 800 vecinos, quando apénas habia 300 al principio del siglo pasado. Débese este aumento á tres medios principales de que se han aprovechado aquellos industriosos vecinos para mejorar sus fortunas y haciendas; la agricultura, las fábricas y la nieve, que cubre las montañas del término. En invierno, quando la agricultura no necesita tantos brazos, se ocupan muchos en recoger la nieve, depositarla en pozos, y arrancar matas, con que la cubren y conservan para llevarla en verano á Alicante, Elche, Xixona, Alcoy y otros pueblos de la comarca. Durante quatro meses, empezando en Junio, salen diariamente de Ibi 50 cargas, y unas 25 en Abril, Mayo y Octubre, cuyo tragino ocupa igual número de caballerías, y muchos hombres, y dexa á los abastecedores, que son de la misma villa, de 600 á 700 reales diarios de beneficio líquido. Mayor sin comparacion es el que resulta del hilado y otras operaciones con que los de Ibi preparan lanas para las fábricas de Alcoy y Bocayrént. Segun un cómputo prudencial entran en Ibi cada semana mas de 300 pesos, y se reparten entre la clase que sería pobre, y tal vez infeliz sin este socorro. Con él viven mas de 80 cardadores y 600 hilanderas, mugeres ó niñas. A estas riquezas se añaden los frutos de la tierra, que son 20 cachices de trigo, 630 de cebada, 253 de maiz, 118 entre avena y centeno, 1260 arrobas de almendra, la mas preciosa del reyno, 90 de aceyte, 14400 cántaros de vino, muchos pimientos, melones, alfafa, y hortalizas.
[81] La tierra de los campos es blanquecina y arcillosa; yesosa la de las colinas, cerros y faldas de los montes; y la substancia de estos por lo comun caliza con mezcla de arenas. De la descomposicion de los mismos montes y de las continuas pérdidas de los cerros resultáron en la hoya porciones, que mezcladas con la tierra que allí halláron, han ido formando campos de diversa substancia. Observan con cuidado los de Ibi estas diferencias: notan las variaciones de la atmósfera en cada estacion; calculan las aguas que tienen, y las que necesitan los campos; y combinando todas estas circunstancias como buenos agricultores plantan los árboles, y siembran segun lo pide la bondad, fuerza ó debilidad del terreno, y el tiempo en que florece y fructifica cada produccion. Así sacan el mejor partido de la tierra, y evitan quanto es posible los riesgos y daños procedidos de la ignorancia. Uno de los labradores mas activos é industriosos de Ibi es Don Josef Alcarás, quien ha logrado copiosos frutos de su aplicacion é industria. Veia una extension considerable casi erial y abandonada por la naturaleza del terreno, compuesto de tierra algo arenisca con mucha piedra y chinas, y mucho mas por un barranco que sucesivamente robaba la tierra útil. Concibió la idea de contenerle en un cauce fixo, y de aprovecharse de sus avenidas ya para regar los campos, ya para rellenar otros profundos con los depósitos que dexarian las aguas. Hizo en la parte superior del barranco una presa, y desde ella un canal de riego para conducir las aguas y regar lo mas alto de la heredad, que aniveló con excavaciones y graderías: forzó el barranco á que corriese en línea recta, levantando en partes fuertes malecones, y abriendo en otras canales subterráneos; y tomó las correspondientes providencias para que sus campos se mejorasen siempre, preservándoles del daño que pudieran causarles avenidas furiosas. Así logró reducir á huertas terrenos inútiles, haciéndoles producir seis veces mas fruto que quando entráron en su poder. Ví con gusto aquella transformacion en 1792. Muda este peritísimo labrador segun le parece la calidad de sus viñas y parras inxertándolas del modo siguiente. Corta la cepa horizontalmente á quatro ó seis dedos sobre el suelo del campo, y hace dos cortes perpendiculares que separen la corteza y porcion de madera que mira al mediodia: prepara de antemano puas de la calidad de uva deseada, conservando en cada una dos yemas, y las corta en chanfran para introducirlas en el corte perpendicular, de modo que se toquen los vivos del inxerto y cepa, quedando á un mismo lado las cortezas: ajusta luego el inxerto sujetándolo con un esparto, y cubre las heridas con hojas estruxadas de la misma viña. Para prolongar la vida de sus viñas y parras las poda de manera que solamente queda una yema en cada vara, y prefiere la calidad al número de racimos. Tambien muda por inxerto la calidad de las bellotas, escogiendo escudetes en las deseadas que saca de los ramos que ya tienen dos años, y en el tiempo en que el elicor que destilan es líquido y nada pegajoso.
[82] Aunque son grandes las mejoras hechas en el término de Ibi, serian mucho mayores si hubiera riego suficiente, y si las aguas llevasen allí porcion de légamo como otras: la suma pureza de ellas tan favorable á la salud de los vivientes perjudica á los campos; porque entrando en estos limpias, transparentes y sin cuerpos extraños, les roban y se asocian lo mas precioso de la tierra y las sales del estiercol, y abonos que deposita el labrador para reparar las pérdidas del campo. Con todo, si este produce cosechas abundantes y ciertas es á beneficio de las aguas, y por esto tienen los de Ibi sumo cuidado en recoger y aprovechar la de los manantiales y fuentes, dirigiéndolas por canales bien cimentados, de los quales hay algunos subterráneos, que han hecho taladrando duras peñas. Han intentado tambien aumentar el caudal de la fuente de Santa Maria, y conseguídolo por medio de excavaciones y barrenos. Esta operacion harto peligrosa, porque muchas veces facilita á las aguas nuevos caminos por donde se extravian, surtió buen efecto en Ibi. Hiciéron mas hondo el canal hasta llegar al nacimiento, pero en mi juicio no perfeccionáron la obra; porque halláron allí un depósito de agua, cuyo fondo no se ha calculado con exâctitud, y la viéron brotar con tanta violencia, que arrojaba muchas veces chinas hasta el peso de media onza, las que eran de mármol negro, y otras especies de piedra, todas redondeadas y como pulimentadas: lo qual prueba ser copioso el manantial, y hallarse á grande profundidad. Convendria pues hacer nueva excavacion, empezándola en el sitio mas hondo del barranco, y dirigirla de modo que al llegar al depósito se hallase 40 pies mas baxa que la de hoy exîste. Para no interrumpir el riego durante la obra, se podria empezar la mina á doce ó mas pies de distancia del canal actual, haciendo al mismo tiempo las bóvedas correspondientes hasta llegar al manantial. Hállase dicha fuente en el rebaxo que dexan los elevados montes de Biscóy y Foyaderes: entra despues en el barranco de los Molinos, llamado así por los cinco á que da movimiento; se precipita entre los montes conocidos allí con los nombre de Costera de la basa y Pla de les coves, y entra últimamente en un estanque, de donde se distribuye para el riego de 60 jornales de tierra. Dicho barranco de los Molinos es sumamente quebrado y fragoso, compuesto de peñas muy duras de un blanco que pardea: en sus sitios sombríos ví con abundancia la doradilla, el polipodio comun y culantrillo; en otros la onónide fruticosa, las campanillas en cabezuela y con hojas de altea, la zarzaparrilla comun, la yedra, el arrayan, las euforbias llamadas por Linneo caracias, amigdaloides y spinosa: esta tiene los pétalos amarillos y enteros; mas noté que la flor central tenia cinco, y las demas quatro solamente.
[83] Otra tercera fuente tienen los de Ibi, que nace en la rambla de la Gabarnera á un quarto de legua de la canal de Alcoy, y con ella riegan 30 jornales de huerta distribuida en ambas riberas del barranco ó rambla: sus desperdicios unidos á varias fuentecillas que van naciendo en la misma rambla sirven para regar otros 36 jornales de huerta destinados á maices, judías, zanahorias y otras producciones. Como el terreno es ondeado y freqüentes las cuestas, fué preciso reducirlo todo á graderías, y asegurar los campos con paredes secas hechas de cantos y peñas sobrepuestas. Son estas calizas, algunas de mármol de color de carne con manchitas mas encendidas, y otras de mármol ceniciento compuesto enteramente de piedras numularias, cuyo diámetro es desde media línea á media pulgada. Quise ver si las hallaria sueltas en el monte contiguo, que es el carrascal de Rico, y logré verlas con abundancia. Son blanquecinas tirando al pardo, casi redondas y planas, delgadas hácia el borden y con una pequeña eminencia en el centro. Sus superficies son lisas, y en ellas se descubre una línea espiral que empieza en el centro, hace seis ú ocho revoluciones, y se pierde en la periferia: tambien se ven multitud de rayos interrumpidos, que saliendo del centro cruzan las curvas y se terminan en la exterior. Descúbrense con mas claridad la espiral, los rayos y las freqüentes interrumpciones de estos, quando se separan las dos válvulas paralelas de que consta la piedra numularia; lo qual se consigue fácilmente poniéndola al fuego por algunos minutos, y echándola de repente en agua fria. Hice varias veces la experiencia, y siempre ví mudado el color blanquecino en gris obscuro. Presentóse entónces la espiral resaltada, y entre sus curvas un canal excavado que principia en el centro, y sigue hasta la periferia: dicho canal se halla como separado en un sin número de celdillas por otras tantas líneas transversales, cuya multitud é inmedicacion hace mirarlas como rayos, quando no se exâminan con cuidado las discontinuaciones al atravesar las curvas. Por esta descripción parece que las numularias del reyno de Valencia son de la misma especia que las que Mr. de Saussure halló en el parage llamado la Pérdida del Ródano, y describió completamente en la página 336 del primer tomo de sus Viages á los Alpes: las nuestras presentan indicios de organizacion en las superficies exteriores, los que no halló Saussure en las suyas: jamas las he visto mayores de ocho líneas de diámetro, ni con mas vueltas espirales que ocho, quando el citado autor llegó a contar 38 en una que no tenia una pulgada de diámetro. Véase la figura 2 de la última estampa de este tomo, donde se ve la superficie externa de una numularia en la letra a, y la interna en la b.


[84] Muy cerca de dos horas se emplean desde Ibi á Tibi por las cuestas y barrancos del camino. La tierra es algo arenisca y ménos fértil: pero por mas de media legua desde los edificios de Ibi sostiene multitud de almendros, olivos, viñas y sembrados, hasta que aumentándose el número de cerros y barrancos disminuye el cultivo, y cesa de todo punto á la mitad del camino. [...]

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A partir de ahora, si véis la imagen de Ibi en 1797, ya sabréis algo más sobre ella.

Un  saludo Ibi bloggers.




 


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